Canvis a "Degradación de los ecosistemas acuáticos"
Cos (Castellano)
-
-
Las presiones múltiples y acumulativas derivadas de las actividades humanas han socavado gravemente la resiliencia de los ecosistemas acuáticos y la resiliencia social derivada de ella. La degradación de ríos, lagos, humedales, glaciares y acuíferos afecta directamente la disponibilidad de agua, en cantidad y calidad, para las sociedades humanas, pero también a la biodiversidad que forma parte de estos ecosistemas. Los actuales modelos de producción y consumo basados en una visión extractivista de los ecosistemas y la naturaleza, dañan gravemente el medio del que
todasdependemos. La falta de protección del estado ecológico del agua y de los elementos ligados al suelo agravan estos retos. La respuesta dominante a estos retos aboga por el desarrollo de nuevas tecnologías, para avanzar hacia un paradigma de ‘crecimiento verde’. Sin embargo, esta visión continúa legitimando el paradigma de dominación de la naturaleza, no es consistente con la realidad material del planeta, ni plantea cuestiones de justicia social y medioambiental.La sobreexplotación y falta de renovación de los acuíferos y aguas subterráneas, la alteración de los ciclos hidrológicos, la ocupación de llanuras de inundación, o la desaparición de los humedales y la pérdida de biodiversidad acelerada son algunos de los impactos ecológicos ya existentes en la Península Ibérica. El uso desmedido de tecnologías para aumentar la disponibilidad de agua dulce (e.g. desaladoras), en vez de proteger las fuentes ya existentes, también causa estragos en los ecosistemas. Todo esto tiene impactos sociales, económicos y culturales en las comunidades asentadas en los territorios asociados a estos ecosistemas, como la pérdida de modos de vida asociados o el extractivismo de paisajes.
-
+
Las presiones múltiples y acumulativas derivadas de las actividades humanas han socavado gravemente la resiliencia de los ecosistemas acuáticos y la resiliencia social derivada de ella. La degradación de ríos, lagos, humedales, glaciares y acuíferos afecta directamente la disponibilidad de agua, en cantidad y calidad, para las sociedades humanas, pero también a la biodiversidad que forma parte de estos ecosistemas. Los actuales modelos de producción y consumo basados en una visión extractivista de los ecosistemas y la naturaleza, dañan gravemente el medio del que todas dependemos. La falta de protección del estado ecológico del agua y de los elementos ligados al suelo agravan estos retos. La respuesta dominante a estos retos aboga por el desarrollo de nuevas tecnologías, para avanzar hacia un paradigma de ‘crecimiento verde’. Sin embargo, esta visión continúa legitimando el paradigma de dominación de la naturaleza, no es consistente con la realidad material del planeta, ni plantea cuestiones de justicia social y medioambiental.
La sobreexplotación y falta de renovación de los acuíferos y aguas subterráneas, la alteración de los ciclos hidrológicos, la ocupación de llanuras de inundación, o la desaparición de los humedales y la pérdida de biodiversidad acelerada son algunos de los impactos ecológicos ya existentes en la Península Ibérica. El uso desmedido de tecnologías para aumentar la disponibilidad de agua dulce (e.g. desaladoras), en vez de proteger las fuentes ya existentes, también causa estragos en los ecosistemas. Todo esto tiene impactos sociales, económicos y culturales en las comunidades asentadas en los territorios asociados a estos ecosistemas, como la pérdida de modos de vida asociados o el extractivismo de paisajes.