Sistema alimentario industrializado al servicio de las leyes del mercado por encima de la soberanía alimentaría
En el actual sistema agroalimentario industrializado al servicio de las reglas del mercado, las empresas multinacionales controlan la oferta y condicionan la producción, la distribución y el consumo de alimentos y los mecanismos de fijación de los precios. Este sistema fomenta el desarrollo de la gran producción en monocultivo frente a la pequeña y mediana producción biodiversa, impide la soberanía alimentaria y no garantiza el derecho a una alimentación saludable y sostenible, provocando inseguridad alimentaria por desnutrición y malnutrición y sus enfermedades asociadas (obesidad, alergias, cáncer, síndromes por exposición a tóxicos). Su dependencia de fertilizantes, plaguicidas y energía fósil globalizados lo hace muy vulnerable en general, más aún en un contexto geopolítico de guerra, además de generar problemas de salud para seres vivos y contaminar los ecosistemas con metales pesados, agrotóxicos. El cambio climático dificulta la producción de alimentos y la vida de las poblaciones, obligadas a migrar no solo por las guerras por los recursos, también a consecuencia de las catástrofes naturales especialmente en el Sur Global.
Hay una falta de políticas y cultura alimentaria integral (social y ecológica). Las políticas públicas no favorecen el desarrollo de Sistemas Alimentarios Agroecológicos y los proyectos agroalimentarios alternativos al sistema alimentario dominante requieren de un cambio político, cultural y económico decrecentista que favorezca el acercamiento y cooperación entre productores y consumidores y la articulación de modelos alternativos de distribución y de consumo basados en una alimentación ecológica de temporada, con abundancia de vegetales y reducción de productos de origen animal, lo más cercana posible, circuitos cortos de comercialización y precios justos para los productores y asequibles para los consumidores.
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