La producción industrial se organiza en torno al beneficio económico y no a las necesidades humanas ni a los límites planetarios
Debería existir consenso sobre qué constituye una "vida digna", para poder determinar qué industrias eliminar, minimizar o potenciar. Hay falta de responsabilidad sobre los impactos sociales y ambientales en todas las fases del ciclo de vida, falta de transparencia y trazabilidad, y además se usan fondos públicos para financiar industrias dañinas. La búsqueda de eficiencia, sin reorientarla al decrecimiento, únicamente aumenta el consumo del bien pues su producción es ahora más eficiente. La toma de decisiones no es democrática ni dentro de las empresas ni con las comunidades afectadas.
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